El Sabio de Cartagena se nos fue: Una elegía al doctor Rodolfo Segovia Salas

“Los hombres pasan, las instituciones quedan,

pero la huella de los grandes hombres

es imperecedera” – José Martí

En las primeras horas de este martes 29 de julio de 2025, Cartagena perdió a uno de sus hijos más ilustres: el doctor Rodolfo Segovia Salas, quien a los 89 años cerró para siempre los ojos que tanto contemplaron la historia y que tanto contribuyeron a preservar la memoria de nuestra amada Ciudad Heroica.

Conocido coloquialmente como el “sabio” Segovia por sus prolijos y enciclopédicos conocimientos, Segovia fue mucho más que un erudito: fue un visionario, un constructor de país y un guardián incansable de nuestra identidad histórica.

Ingeniero químico graduado del MIT en Estados Unidos, con un máster en historia de América Latina de la Universidad de California, Berkeley, Rodolfo Segovia Salas supo conjugar como pocos la precisión de las ciencias exactas con la pasión por las humanidades. Esta formación dual le permitió abordar tanto los retos del desarrollo industrial como los misterios del pasado con el mismo rigor y la misma excelencia.

Su trayectoria en el servicio público fue ejemplar. Como Representante y Senador en el Congreso de Colombia, Ministro de Obras Públicas y Transporte durante el gobierno de Belisario Betancur y Presidente de Ecopetrol, dejó una huella imborrable en la construcción del país moderno. Integró la llamada Comisión de Sabios que conformó el Presidente Belisario Betancur, donde su sabiduría contribuyó a trazar rutas de desarrollo para la nación.

También fue presidente de Petroquímica Colombiana y de Propilco, demostrando su capacidad para liderar organizaciones estratégicas para el país. Desde las páginas de importantes medios de comunicación, siguió aportando sus reflexiones sobre el rumbo energético de Colombia, siempre con la perspectiva de quien conocía profundamente tanto la técnica como la geopolítica del sector.

Pero si hay un campo donde la figura del doctor Segovia Salas alcanza dimensiones monumentales, es en su labor como historiador de Cartagena. Con más de 50 años de trayectoria como investigador, se convirtió en la máxima autoridad sobre las fortificaciones cartageneras y en el cronista más acucioso de la historia de la ciudad.

Sus obras “Las fortificaciones de Cartagena de Indias. Estrategia e historia”, “Cartagena en tiempos del convento de Santa Teresa”, “El lago de piedra: la geopolítica de las fortificaciones españolas del Caribe (1586-1786)” y “105 Días: El sitio de Pablo Morillo a Cartagena” son pilares fundamentales de la historiografía cartagenera. En sus investigaciones sobre las murallas, nos reveló que “Doscientos años de labores casi ininterrumpidas en la erección, reforma y reconstrucción de murallas le dieron a Cartagena una riquísima tradición artesanal”.

Al referirse al galeón San José, explicaba que “esta memoria ha salido a flote gracias a la obstinación de los historiadores”, y con su característica precisión, nos recordaba que “El San José se hundió en menos de lo que se reza un credo”, combinando el rigor histórico con su peculiar sentido del humor.

Como presidente de la Academia Colombiana de Historia, siendo el primer cartagenero en ocupar tan alto honor, dignificó no solo a su ciudad sino a toda la Costa Caribe. Su discurso de posesión el 7 de agosto de 2020, día de la independencia, simbolizó perfectamente su amor por la patria y su respeto por la historia.

Su visión sobre la región Caribe era única y profunda. Acuñó el término “Costa Atlántica Bicéfala” para referirse a Cartagena y Barranquilla como las dos cabezas de la región, demostrando su comprensión geopolítica del territorio y su capacidad para sintetizar en conceptos precisos realidades complejas.

En sus reflexiones sobre “Puerto y Plaza Próspera”, analizaba el potencial de desarrollo de la región, siempre pensando en el futuro pero con los pies firmemente plantados en la comprensión histórica del territorio.

En 2015, en un gesto de generosidad intelectual extraordinaria, donó su biblioteca personal al Banco de la República de Cartagena. Esta colección, compuesta por títulos en diferentes áreas del conocimiento – Historia, Literatura, Derecho, Política, Economía, Geografía, Arte y Viajes – es testimonio de la amplitud de sus intereses y de su compromiso con la democratización del conocimiento.

Sus múltiples condecoraciones reflejan el reconocimiento que mereció en vida: Hijo Adoptivo de Cartagena (1983), Orden Cartagena Patrimonio Histórico de la Humanidad (2000), Cruz de Boyacá (2010), entre muchas otras. Cada una de ellas era un reconocimiento no solo a sus logros individuales, sino a su compromiso inquebrantable con el servicio público y la preservación del patrimonio.

“Mueren los hombres, pero quedan sus obras” – Séneca

Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y trabajar a su lado sabemos que más allá del sabio, había un hombre generoso, un amigo leal y un político íntegro. Su respaldo fue fundamental en muchas iniciativas que beneficiaron a nuestras comunidades. Como aliado político, demostró que la sabiduría y la experiencia son los mejores consejeros para quienes aspiran a servir al pueblo.

Distinguió a nuestra familia con su amistad, lo que  es un honor que atesoramos. En él encontramos no solo al intelectual brillante, sino al hombre sencillo que sabía escuchar y que siempre tenía una palabra sabia para orientar el camino.

Su partida deja un vacío enorme en el liderazgo de esta Costa Caribe que él tanto amó. En tiempos donde la región necesita voces autorizadas y experimentadas, la ausencia del doctor Segovia se siente como la pérdida de una brújula. Su capacidad para conjugar la perspectiva histórica con la visión de futuro era única, y su palabra tenía el peso de quien había vivido y contribuido a escribir la historia contemporánea de Colombia.

“Los grandes hombres nunca mueren. Viven en sus obras, en sus ejemplos, en los corazones de quienes los amaron” – Víctor Hugo

Sin lugar a dudas, Rodolfo Segovia Salas es uno de los grandes hombres de la historia contemporánea colombiana. Su contribución trasciende las fronteras partidistas o regionales para insertarse en la construcción misma de la identidad nacional. Como historiador, rescató y preservó la memoria; como funcionario público, contribuyó al desarrollo; como empresario, generó progreso; como político, dignificó la función pública.

Su muerte nos duele profundamente, pero su ejemplo perdura. En cada página de historia que se escriba sobre Cartagena, en cada reflexión sobre el desarrollo energético del país, en cada análisis sobre el potencial de la Costa Caribe, estará presente su huella.

Epitafio para un sabio

Cartagena, la ciudad que él tanto amó y que le debe tanto, llora hoy la partida de uno de sus hijos más ilustres. Las murallas que él estudió con tanto amor, las piedras centenarias que él interpretó con tanta sabiduría, el mar Caribe que contempló desde su ciudad natal, todo parece susurrar una despedida al hombre que supo descifrar sus secretos.

Honor a su memoria. Paz en su tumba. Que su ejemplo inspire a las nuevas generaciones de colombianos a amar la historia, a servir a la patria y a construir un futuro digno del pasado que él nos ayudó a comprender y valorar.

A su familia, especialmente a quienes compartieron su pasión por el conocimiento y el servicio público, nuestras más sentidas condolencias. A sus amigos, colegas y a todos los que fuimos tocados por su sabiduría, nos queda el compromiso de mantener viva su memoria y de continuar la obra que él inició.

“No llores porque ya terminó, sonríe porque sucedió” – Dr. Seuss

Honor y gloria al sabio de Cartagena. Que descanse en paz.


Con profundo dolor pero infinita gratitud por haber compartido su tiempo con nosotros, elevamos esta elegía a la memoria del doctor Rodolfo Segovia Salas (1936-2025), grande entre los grandes de Colombia.

Miguel Raad Hernández

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