CORRESPONSABILIDAD EN “LA PATRIA MILAGRO”
Por: Miguel Raad Hernández
Julio 7 de 2026
Los colombianos elegimos a Abelardo de la Espriella, “El Tigre”, como Presidente de Colombia. Ahora estamos llamados a contribuir y a acompañarle en la construcción de la “Patria Milagro” que fue su compromiso y es nuestra ilusión y corresponsabilidad.
Justo es reconocer que el concepto no llega vacío. El movimiento Defensores de la Patria presentó en marzo de 2026 un documento programático —“Colombia, Patria Milagro”— articulado en diez pilares, con metas cuantificadas: tres millones de empleos, reducción de la pobreza en un veinte por ciento, disminución de la violencia a la mitad y un millón de familias propietarias de vivienda; y, en lo económico, una aspiración de crecimiento del siete por ciento anual que toma como referencia expresa a Corea del Sur y Singapur. Hay, pues, desarrollo del concepto. Lo que a mi juicio aún queda en penumbra no es la meta económica, sino la pregunta institucional decisiva: con qué arquitectura del Estado se construye la capacidad pública que hizo posible aquel milagro. En ese camino quiero contribuir desde esta primera entrega.
Lo primero es asentar los pies sobre la tierra. Los países que han logrado esta hazaña de progreso social y desarrollo económico lo hicieron en un período equivalente a una generación. Esto es, unos 25 años aproximadamente. Pero también es cierto que su situación era de gran pobreza y destrucción, en algunos casos por efectos de la segunda guerra mundial. Su capacidad instalada, institucional y de población bien formada, era bastante precaria para países como Corea del Sur y Taiwán.
Colombia la recibimos desmejorada y precarizada en muchos aspectos, pero mantiene viva una clase empresarial y una capacidad productiva quizá contraídas, como un resorte, pero dispuestas a saltar más lejos una vez se den las condiciones institucionales, fiscales y legales para ello. Tenemos potencial industrial, turístico y comercial; grandes reservas de tierras aptas para la producción agropecuaria (agricultura de precisión, ganadería intensiva, pesca marítima y fluvial y producción piscícola en acuicultura); importantes reservas y potencial minero-energético. Pero, sobre todo, Colombia tiene un alto porcentaje de colombianos preparados como profesionales, tecnólogos, técnicos y oficiales esperando la oportunidad de entrar a trabajar y producir para contribuir al milagro colombiano. Conviene, sin embargo, leer juntas las dos caras de esta comparación: si Corea del Sur y Taiwán emprendieron su transformación desde la ruina de la posguerra y una capacidad instalada precaria, nosotros partimos de una base mayor y, por tanto, no tenemos excusa de fondo para no intentarlo; pero tampoco derecho a la impaciencia, pues el milagro ajeno tomó una generación entera. Eso sí, necesitamos victorias tempranas que ayuden a creer y refuercen la esperanza. Hasta Jesús, Dios hecho hombre, realizó milagros para afianzar la fe de sus discípulos y del pueblo.
