MÁS SOBRE EL MILAGRO DE “LOS TIGRES ASIÁTICOS”

Por: Miguel Raad Hernández 

Julio 8 de 2026 

A los “Tigres Asiáticos” se los llamó así para describir el extraordinario y veloz crecimiento económico que experimentaron estas cuatro economías (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur). El “tigre” simboliza fuerza, agresividad y rapidez, cualidades que reflejaban su transformación: pasaron de ser economías relativamente pobres y subdesarrolladas a convertirse en potencias industriales y financieras de altos ingresos en apenas una generación. 

Algunas características que compartieron y que justificaron el apodo: 

Crecimiento sostenido y acelerado: registraron tasas de crecimiento del PIB muy altas (frecuentemente superiores al 7% anual) durante varias décadas. 

Modelo orientado a la exportación: en lugar de cerrarse al comercio, apostaron por producir bienes manufacturados (electrónica, textiles, luego tecnología) para venderlos en mercados internacionales. 

Fuerte inversión en educación y capital humano: priorizaron formar una mano de obra calificada. 

Alto ahorro e inversión, junto con políticas industriales activas dirigidas por el Estado. 

Estabilidad y disciplina macroeconómica. 

¿Cómo manejaron estos países aspectos como la institucionalidad o diseño institucional para garantizar supuestos básicos necesarios como: justicia pronta y cumplida; seguridad personal (en vida, honra y bienes) urbana y rural; paz, armonía y cohesión social; planes de choque a la pobreza estructural y monetaria; gobierno democrático y ejercicio legítimo del principio de autoridad?  El éxito institucional de los Tigres fue genuino en capacidad estatal, alta competencia burocrática y legalidad económica, pero en su mayoría no se logró a través de instituciones democráticas. La democracia llegó después (Corea y Taiwán) o nunca de forma plena (Singapur, Hong Kong). Colombia tiene democracia, y esa es justamente la nobleza y la dificultad de nuestro reto: a diferencia de aquellos países, que pospusieron las libertades para alcanzar primero la prosperidad, nosotros debemos lograr la capacidad estatal y la celeridad institucional sin suspender garantías ni democracia. Ellos aplazaron la libertad; nosotros ni podemos ni debemos hacerlo. Es nuestra promesa de campaña. 

El concepto matriz orientador —como ha mostrado la literatura sobre el tema – es el de un Estado impulsador del desarrollo económico que genera empleo, movilidad y progreso social, con dos atributos en tensión productiva: una burocracia weberiana meritocrática, reclutada por examen, profesionalizada, bien remunerada y aislada de la captura clientelar; y una conexión densa con el sector privado (los grandes conglomerados coreanos o chaebol, las redes empresariales taiwanesas) que permitía coordinar sin ser cooptada. 

El corazón institucional eran las llamadas agencias piloto (pilot agencies): el Consejo de Planificación Económica (Economic Planning Board) en Corea, el Consejo de Desarrollo Económico (Economic Development Board) en Singapur, organismos con poder real, talento concentrado y horizonte de largo plazo. Esa “autonomía enraizada” (embedded autonomy) —insertarse en la sociedad sin disolverse en ella— es probablemente la lección institucional más valiosa y, a la vez, la más difícil de trasplantar. 

He aquí, entonces, la conclusión: El milagro asiático no fue obra del mercado a solas, sino de un Estado capaz: una burocracia íntegra y meritocrática y unas instituciones que decidían pronto y cumplían lo decidido. Ese es un enorme reto en Colombia, donde el amiguismo, el clientelismo, el reglamentarismo y la corrupción acabaron con la eficacia del Estado. Si la Patria Milagro ha de ser algo más que una hermosa consigna, sus primeros cimientos no pueden ser otros que un estado de seguridad nacional y una justicia pronta y cumplida, pues sin garantías a la vida honra y bienes de los ciudadanos y seguridad jurídica no hay inversión que arraigue ni resorte empresarial que salte. Verdad de Perogrullo. 

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